El blog de ace76 |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2007.
Año Nuevo, Nuevo Look! A la apuesta decidida por el look semibarbudo y por la recuperación de las greñas de antaño, tengo que añadir la compra de unas nuevas gafas. Ya era hora, después de una década con las antiguas. Bajé a la óptica que hay al lado de casa. Desde luego, no es la óptica más barata del mundo, pero siempre he ido a ésa y el óptico ya me conoce. Debe de ser el único dependiente de una tienda marileña que me conoce, cosa que es una chorrada, pero hace que uno se sienta más a gusto. -Hola, venía a hacerme unas gafas nuevas. -Vale, ahora miro tu ficha. ¡Jo, hasta tengo ficha y todo! -¿Cómo quieres las gafas? -No tengo ni idea, unas gafas sencillas. Bueno, que no sean de montura al aire. Y de color negro, creo. Así que el hombre me empezó a sacar monturas y más monturas. Los cristales de las gafas son cada vez más pequeños y alargados, nada que ver con los cristalones de cuando empeza a llevar gafas. Me las fui probando. Las de pasta las deseché en seguida. Me veía demasiado diferente en el espejo. No me quedaban mal, pero parecía otro. Además, ya me veía poseido por el espíritu gafapasta, con un abrigo negro, una bufanda gris, yendo a ver películas checas en versión original subitulada con un libro bajo el brazo. Buf, incluso hasta me veía empezando a fumar Ducados... o pipa. -Este año se llevan mucho las monturas de colores. -Como Fabio Capello, ¿no? Me probé unas blancas y negras que eran bastante bonitas, ni demasiado llamativas, ni demasiado sobrias. Pero en estos casos siempre se me suele aparecer la imagen de mi madre con mirada escéptica... Puede que estén de moda este año y quedar ridículas dentro de dos. Y no es cuestión de estar comprando gafas cada dos años, por mucho que en el trabajo te ayuden a pagarlas. Además, como soy medio cegato, necesito cristales reducidos, lo que hace que el precio suba astronómicamente. Así que opté por la opción "lo clásico nunca pasa de moda (y el estilo lo pongo yo)" y me compré unas bonitas gafas metálicas de color negro. Son muy diferentes a las viejas, pero parece que la gente no se da cuenta. Tenía que haber comprado las de pasta. Este fin de semana mi hermano y yo nos fuimos a Pamplona, a descansar, a ver a nuestra madre y a ponernos las botas con rica comida casera. Sí, la que hago yo en mi casa también es "casera", pero, por lo que sea, no tiene el mismo sabor, ni el mismo color, ni la misma textura... También nos dedicamos a jugar al Boogle, el último vicio familiar. Se trata de un cubo de plástico en el que se agitan dados en cuyas caras hay letras en vez de números. Durante un par de minutos hay que descubrir el mayor número de palabras, cuanto más largas, mejor. El que más puntos saca, gana. Suele ser nuestra madre, que tiene mucha experiencia en este tipo de juegos. Cuando éramos pequeños, los domingos por la tarde la familia se reunía en casa de mis abuelos para disputar largas partidas de Intelect (después se llamó Scrabble, pero era el mismo juego). Ahora ya sólo jugamos en Nochevieja, y a veces, hasta gano yo. Lo mejor es que uno se inventa palabras y luego resulta que están en el diccionario. Verbos como "basurear" o "trajear" u "oxear" existen. Y también palabras como "oblito", "obnoxia", "noray", "piélago" o el descubrimiento de este domingo, "céfiro". No, no tiene nada que ver con zafiros y piedras preciosas, sino que es un "viento suave y apacible". Mi hermano dice que ahora, cuando sople brisa, diremos que "que a gusto se está con este céfiro tan fresquito". Y este es el lúdico origen de mi pedantería. Pero es que las palabras están en el diccionario para ser usadas. Aun no he arreglado el aparato de música, pero en cuanto lo haga, surcaré las aguas del Amazonas en busca de discos buenos, bonitos y baratos. La MTV y la VH1 me han abierto los oídos a nuevos grupos y sonidos. (Éste es uno de esos artículos Youtube que nadie ve, pero es lo que me apetece escribir hoy) La historia se repite, como un pendulo que nunca se detiene, y el BritPop resurge de sus cenizas (si es que alguna vez murió, claro... ¿o la pregunta sería si alguna vez existió?). The Feeling son un grupo que hace Pop... y el flequillo del cantante hace pensar inmediatamente en el lider de un grupo inglés muy importante durante los noventa. "I love it when you call" es muy, muy pegadiza. En su anterior aparición, Kaiser Chiefs me parecieron unos simples imitadores de Franz Ferdinand. Parece que en 2007 quieren reafirmarse como grupo con personalidad propia y lo intentan con "Ruby". Y de momento, les ha salido bien la jugada. Se dice que estarán en el Festival Summercase 2007, así que podré juzgarles en directo. El éxito de James Blunt ha hecho que las discográficas empiecen a llenar el mercado con chicos despeinados armados con sus guitarras y sus cálidas voces. Mejor apostar por eso que por el Reguetón, así que bievenido seas, James Morrison. Sin embargo, los puristas prefieren a Paolo Nutini, más intimista y melancólico (pero igualmente comercial, creo yo). "Rewind" es una de las canciones más tristes del momento. También es uno de los mejores videoclips del año. Por último, como ya anunciaron los blogs vecinos, la temporada de conciertos en Madrid se inaugura el 26 de abril con la visita de los Scissor Sisters a la Riviera. 38 euritos de nada... Seguramente, nos veremos ahí. Ahora, para comprobar que os habeis tragado todo el post, ¿qué os ha parecido el montaje del vídeo de Paolo Nuttini? ¿Espectacular, a qué sí? Continuando mi propósito de aprovechar el Día del Espectador de los Ideal para ver películas interesantes, el lunes pasado le tocó el turno a "En busca de la felicidad". Aunque se me hizo un poco larga a ratos, me gustó. Supongo que es lo que en Estados Unidos entienden por cine social o realista. ¿Será por eso que contrataron a un director italiano para hacer el trabajo? Atención a algo a lo que nunca se presta atención, el nombre del guionista: Steve Conrad. Antes de esta película, firmó el guión de una de las mejores películas de 2005, "El hombre del tiempo", un título muy reivindicable. Aunque tiende a abusar de la voz en off, se le da más que bien retratar a personajes en encrucijadas personales. Will Smith interpreta al comercial de un absurdo artefacto médico ahogado por las deudas económicas y un matrimonio que se va a pique. Decidido a luchar por su felicidad (el sueño americano, sin segundas lecturas: en la Declaración de la Independencia se dice que todo hombre persigue su felicidad), intenta entrar en el programa de formación de una importante empresa bursatil y convertirse en un broker. Pero antes tendrá que pasar por toda una serie de tragedias personales que le harán tocar fondo antes de... ¿Quién duda de que todo acabará bien? ¡Esto es Hollywood! Como comentábamos al salir del cine, si ésta fuera una película europea, seguro que alguien terminaba muerto, paralítico, estafado, violado... Vamos, que en el cine europeo, si no hay tragedia, no hay arte. Eso sí, es la típica película que si se ve en un día de estos sensibles, se empieza a llorar en el minuto 20 y ya no se para hasta los títulos de crédito. Y sí, recuerda bastante a "Kramer contra Kramer" (mi madre cuenta que sólo llora con dos películas: la de Dustin Hoffmann es una de ellas). Otro motivo más para ver la película es que está rodada en San Francisco y, sin ser una sucesión de postales, se pueden reconocer algunos de los rincones más bonitos de la ciudad. Por lo demás, los detractores de Will Smith seguirán odiándole, a pesar de que hace un trabajo brillante, muy ajustado y contenido. Su hijo es el típico chaval que roba plano con los ojos cerrados, con la indiscutible virtud de no resultar cargante como otros niñatos cinematográficos (¿O es que alguien no deseó que los velociraptores descuartizaran a los insoportables niños de "Parque Jurásico"?). Y la que está impresionante es Thandie Newton, que hace bueno el tópico de que no hay papeles pequeños. Por cierto, la película puede resultar ingenua para los currantes españoles... ¿O será cierto que en Estados Unidos los jefes son grandes profesionales que saben valorar a sus empleados? ¿Será cierto que la combinación "talento personal + esfuerzo + mucho trabajo = éxito laboral"? Olvidaos de lo que he dicho antes de que si "En busca de la felicidad" fuera europea, terminaría en tragedia. Sería una comedia bufa en la que Will Smith consigue el curro gracias a ser el cuñado del subjefe y asciende gracias a peloteos, puñaladas y lameculismos varios. Hay mucho cabronazo por ahí suelto. Un grupo de jóvenes han atacado al dragón del Parque Guell con una barra de hierro y lo han dejado como podeis ver en la foto de arriba. ¿Qué tiene dentro de la cabeza alguien que decide destrozar algo bonito simplemente por el placer de hacerlo? Mucho antes de Paris Hilton y Britney Spears, incluso de Courtney Love, estaba Anna Nicole Smith. Ella era la reina del Trash: camarera, conejita del Playboy y playmate del año 1993, actiz en películas como "Agarralo como puedas 33 1/3. El insulto final", más conocida por casarse a los 26 años con un millonario de noventa (¡eso es amor!) y luego heredar millones y millones de dolares, protagonista de un reality-show a mayor gloria (¿gloria?) de su persona, diosa de los tabloides americanos... Toda una carrera que la convirtió en icono e inspiración para personajes como Nuria Bermúdez (actriz y representante de futbolistas), Malena Gracia (cantante de éxito), Yola Berrocal (estrella del espectáculo musical) y otros grandes símbolos de nuestra siliconada época. Anna Nicole ha entrado ya en la categoría de leyenda: ayer apareció muerta en una habitación del hotel Seminole Hard Rock Hotel and Casino de Hollywood, Florida. Tenía sólo 39 años. Viernes, 19.28. Estación de Atocha. Llamo a mi hermano al móvil: -¿Dónde estás? -Aun estoy en el Cercanías, saliendo de la estación de Delicias. -Glups... En ese momento supe que sólo un milagro podría hacer que cogiéramos el tren a Barcelona de las 19.40. Y el milagro, por un par de minutos, no sucedió. Viernes. 20.17. Estación de Atocha. -Hola, mire, es que hemos perdido el tren a Barcelona, ¿hay plaza en el siguiente? -Sí, a las diez sale el Tren Estrella desde Chamartín. -Bien, ¿tienen plaza en literas? -No, sólo quedan butacas de preferente. -Vale, que remedio. Sábado. 02.51. En algún lugar perdido entre Madrid y Barcelona. "Esto es insoportable, no hay manera de pegar ojo, me duelen las rodillas como si se me fueran a romper, y el niño ese, ¿por qué no se calla? Joder, y mi hermano ronca que te ronca, yo así no puedo, no vuelvo a viajar en este tipo de tren, está todo sucio, me pica todo el cuerpo, y este calor que sale de la rejilla, parece que me estoy asando, no puedo dormir, cierro los ojos y no puedo dormir, no puedo dormir, esto no hay quien lo aguante, y todo el mundo parece que está sobando, menos el niño este que corre por el pasillo, yo no puedo más, no lo soporto, me voy a la cafetería aunque esté cerrada, sólo por caminar un poco, me duele la rodilla, me estoy asando, no puedo dormir... y aun me quedan unas cinco horas de tortura". Sábado. 09.03. Concesionario Otto Diesel. -¡Enhorabuena, aquí está su coche! -Ooooh, que bonito es. Sábado. 21.37. A-2, a 1000 metros de la salida 25 a Mejorada del Campo. Cinco horas de viaje y cuatro compactos de rock alternativo, grunge y brit pop después, el Nissan Micra Tekna bautizado como "bichito" acaba de dejar atrás Alcalá de Henares. -¡Joder! -¿Qué ha pasado? -Un bache o algo... -Este traqueteo no es normal, ¿verdad? -Lo mejor va a ser que pares... -¿Pero dónde? -Pues en el arcén, que remedio. Bajo del coche. -Se te ha pinchado la rueda delantera, Miguel. -Mierda, hfjkshf, kdsjfjds, kdsfhsdj!!!! -Si es que te pasa cada cosa cuando vas a Barcelona... -Sí, me ha debido de echar un mal de ojo por haberme ido a Madrid. De momento, aun no ha pasado nada malo. Ahora, la pregunta es... ¿Está Blogia agonizando? ¿Nos mudamos? Parece que Blogia va saliendo, poco a poco, de su estado cataléptico. Por estas cuestiones de la fortuna (que a veces me sonríe, soy un chico con ángel), este humilde blog apenas ha sufrido lesiones internas. Que dure, que dure. Ayer utilicé mi primer día de asuntos propios del año. ¿Para qué? Pues eso, para asuntos propios y ejercer de buen amigo (una buena acción al año no hace daño, y además, te hacen regalitos y todo). También vi el DVD de la última gira de Madonna, "The confessions tour". Está muy bien, me gustó más que el "Drowned World Tour", que era demasiado frío y electrónico. En este concierto hay de todo: bolas de espejo gigantes, Disco Inferno, bailarines con patines, mensajes políticos, bailarinas con burka, La isla bonita, Madonna tocando la guitarra eléctrica en el "Ray of light", crucifixiones en directo "porque ella lo vale", ¿playback en algún momento? ¿O coristas todoterreno? ¿O maravillas de la tecnología? En todo caso, un auténtico espectáculo muy bien realizado, montado y mezclado. El lunes fui a ver "La ciencia del sueño", que había sido calificada por mi amigo Pablo como "muy mala". No me extrañó, ya que para Pablo las películas se dividen en dos categorías: "malas" (95% de los casos) y "obras maestras del cine total" (el 5% restante). En este caso... se equivocó de cabo a rabo. Aunque soy fan de Charlie Kauffman y sus enloquecidas estructuras, "Ólvidate de mí" (da como grima referirse así a "Eternal Sunshine of the Spotless Minds") no me pareció la obra maestra que mucha gente vio. Sin embargo "La ciencia del sueño" es una película extraordinaria. De la mano de Michel Gondry y Gael García Bernal, el espectador se sumerge en un mundo onírico donde se disuelven las fronteras entre la realidad y la fantasía. La película es un derroche de fantasía y libertad. Evidentemente, hay que entrar en el juego. Si uno cree que el cine sólo puede ser narrativo y seguir una estructura de planteamiento, nudo y desenlace, lo más probable es que no aguante ni quince minutos. Pero si uno acepta que el cine es mucho más que un instrumento narrativo (del mismo modo que la Literatura, además de novelas, produce géneros como el ensayo o la poesía), disfrutará como un niño. Porque "La ciencia del sueño" es una película ingenua y "naïve", heredera (como han apuntado algunos críticos) de los primitivos y fantasiosos cortos mudos de George Melies. Así que yo, a "La ciencia del sueño" le pongo un 9,5 y, seguramente, estará en mi top5 de película del año. Salí del cine muy contento, fue una catarsis postiva. Hasta Madrid parecía más bonito, más mágico... Y mira que me parece hortera calificar las cosas como "mágicas". Como últimamente tengo la sensación de estar sumergido en una rutina que se repite constantemente (trabajocasacasatrabajogimnasiocasatrabajocenaconlosniñoshastiovitaltrabajocasallamadanerviosadeSoniacasatrabajonavegarporInternetgimnasiocineloslunessesionesdeDVD), he decidido empezar a hacer cosas para aprovechar mi tiempo. Así que hoy empiezo a ir a clases de inglés en el trabajo. Me han puesto en el nivel "advanced". A ver cuanto tiempo aguanto. Uno, dos, probando, probando, ¿se me escucha bien en el fondo? ¿Blogia nos deja comunicarnos? All right, everybody com´on! Reeeeach it! Bien, parece que Blogia vuelve a funcionar. Este fin de semana apenas he parado en casa, pero no os aburriré con los detalles y me centraré en el punto culminante del fin de semana: sábado 19.45, ace y mce llegan a La Riviera, ese antro no preparado para este tipo de eventos. Mce no lo pisaba desde que a principios de 1999 The Cramberries dieron uno de los peores conciertos de los que conservo recuerdo. Su primer comentario fue: "¿Siempre ha habido palmeras aquí dentro?". Yo le contesto que sí, al menos hasta donde alcanza mi memoria. Aun no había mucha gente y nos pudimos colocar en nuestra posición habitual: segunda o tercera fila, a la izquierda del escenario. Si no veo un concierto en las primeras filas, donde la gente bota y se choca, no lo disfruto. Cuando llegamos, unos veinteañeros estaban dando guitarrazos. Debían de ser The Zodiacs y estaban terminando su actuación. A los pocos minutos, salieron unos personajes que parecían salidos de la figuración de "Casi Famosos" a colocar micros, afinar guitarras y sacar al escenario un viejo teclado (¿un hammond? ¿se llama así?) , que parecía, más o menos, en el que los Animals tocaron por primera vez "House of the rising sun". Después se apagaron las luces y salieron al escenario los que habíamos tomados por "roadies": eran The Blue Van, un grupo danés del que nunca habíamos oido hablar pero que pondría entre los mejores teloneros que he visto nunca (A Ocean Color Scene es muy difícil quitarle el primer puesto, The Bravery estaría en el segundo). Parecía que hubieran llegado directamente de los sesenta, justo antes de que se inventara el rock progresivo y la psicodelia, con un toque de blues y de rock americano. Además, sus componentes son el arquetipo del grupo de rock: el cantante y guitarrista carismático (que, mientras sus compañeros arrastran el piano, se encarga de llevar los botellines de agua); el teclista místico (que llevaba un gran colgante en forma de hoja... ¿de marihuana? No, era como los colgantes élficos de El Señor de los Anillos); el bajista loco (encargado de jalear al público) y el batería invisible (que es el que más escribe en el blog de su página web). Sólo faltaba la chica rubia con pañuelo y pandereta que hace los coros (y que se acuesta unas noches con el cantante y otras con el teclista) para completar el cuadro. Yo le comenté a Miguel: -Los grupos importantes deberían asegurarse de que los teloneros no sean nunca mejores que ellos. Pero, en cuanto Jet salió al escenario, comprobé que mi comentario no se ajustaba a la realidad. En la primera canción, el descamisado batera-cantante, melenas al aire, destrozó una baqueta en un alarde de energía rockera. El fragmento de madera salió volando por los aires. Esa fue la tónica del concierto: rock clásico, al más puro estilo Rolling Stone (aunque, a veces, como en "Shine on", recuerdan a Oasis). Guitarrazos y batería, con muy poco añadidos más. Más de hora y media de descarga adrenalítica, con un intermedio para las baladas acústicas del repertorio. Público entregado y conexión total entre grupo y audencia. Seguramente ha sido el concierto más puramente rockero al que he ido nunca. Me lo pasé genial dando botes, sacudiendo la cabeza y tocando la guitarra de aire. Me imagino que mi hermano os dará muchos más datos en su blog. A estas alturas os preguntaréis, ¿quiénes son estos Jet? Pues son un cuarteto australiano que saltó a la fama con su primer disco gracias a que Vodafone escogió "Are you gonna be my girl?" como sintonía publicitaria. Éste es el vídeoclip. A la salida del concierto, junto al tenderete de horribles camisetas oficiales, los chicos de The Blue Van estaban firmando copias de su disco y charlando con la gente. Que majos. Yo soy un chico de Malasaña, de sus tiendas, sus bares, sus cafeterías y sus calles llenas de graffitis. Pero a veces les traiciono y voy a La Latina. La Latina es ese barrio al que ir un domingo a mediodía, cuando empieza a hacer calor, a tomar cañas, vermús e imprescindibles Broken Eggs, a encontrarse con la gente, a pasar el tiempo sentados en el suelo de la plaza. Aunque no era domingo, el sábado estuve comiendo por ahí con Esti. Hacía como un mes que no la veía y teníamos muchas cosas que contarnos. En realidad, era ella quien tenía muchas cosas que contarme, porque a mí, últimamente, no me pasa nada interesante. Al final, acabé yo quejándome de lo mucho que me aburro en estas últimas semanas mientras ella escuchaba y dibujaba en su cuaderno. Después llegaron Julene y Juanmi, y al rato apareció Jorge, nuevo icono gay de la quincena gracias a Shangay. No es por presumir, pero éramos, de largo, los clientes más guapos del local. De todas las personas que conozco, admiro mucho a Esti y a Pablo porque han sido quienes más han luchado por hacer sus sueños realidad. Es cierto que hay muchas cosas que dependen de la suerte, pero también es verdad que la suerte se busca. Además, puede que ella no se dé cuenta, pero envidió mucho el talento que tiene: si quiere actuar, actúa; si quiere cantar, canta; si quiere bailar, baila; si quiere pintar, pinta; si quiere escribir, escribe; seguro que si quisiera competir en el Paris-Dakar, terminaría por conseguirlo... La verdad es que nunca se lo he dicho, pero tengo suerte por tener como amigos a las personas a las que admiro. Otro día os hablo de las muchas virtudes del chico del Carrusel. El domingo por la tarde estaba en casa de Joserra y decidí aprovecharme de su videoteca. Escogí echarle un vistazo a "A dos metros bajo tierra", serie que, debo confesar, nunca me llamó la atención en su momento y de la que no había visto ni cinco minutos, a pesar de lo mucho que me habían hablado de ella, recomendándomela. Así que empezamos por el primer episodio de la primera temporada. Al principio me pareció la ya manida historia de familia disfuncional, la huella de "American Beauty" (serie y película comparten guionista, Allan Ball) era patente, especialmente en el personaje de Claire, que parece prima hermana del que interpretaba Thora Birch en aquella película. Pero poco a poco fui entrando en la historia y cuando Nate Fisher Jr. dijo algo así como "Llevo 35 años siendo un turista en la vida y ésta es mi oportunidad de hacer algo más que respirar", ya estaba completamente conquistado. Me tragué tres episodios seguidos el domingo, otros dos el lunes y otros dos el martes. A este paso voy a ir a temporada por semana. Todo el mundo habla del humor negro que destila "A dos metros bajo tierra". Pero en la serie hay mucho más que eso: "A dos metros bajo tierra" habla de las cuestiones importantes de la vida sin caer en lo sentimentaloide o lo seudofilosófico. Me gusta la cotidianeidad con la que se acerca a tabués de nuestra sociedad como la muerte y el sufrimiento, asuntos de los que nunca hablamos a pesar de que sabemos que son parte natural de nuestras existencias. También me sorprende que se hable de religión y de iglesia sin haber caido aun en los tópicos al uso. Me gustan la ironía brutal de Brenda, la transparencia de Nate, las dudas e incoherencias de David, la melancolía de Ruth, el humor de Federico... Me resulta muy fácil identificarme con ellos. Y pensar que hay gente que aun cree que la TV es "la caja tonta". Tengo que confesar que, hace una semana, cuando dije que iba a empezar a ir a clases de inglés, no fui. Pero hoy sí, hoy he comenzado mi proceso de recuperación de la lengua de Shakespeare. Puedo leer en inglés, puedo ver algunas series en inglés sin subtitular y entender casi todo, tengo bastante vocabulario, pero he olvidado la gramática y mi primo americando se reía de mi acento estas Navidades. Hablando de Navidades, las del 2007 las voy a pasar en Nueva York. O al menos eso es lo que tenemos planeado mce79, aei52 y yo. Y cuando aei52 se propone algo, no hay quien la detenga. Una de las cosas que aprendí en la Universidad es que no hay que esperar a que sea fin de semana para salir de fiesta. De hecho, se decía que el mejor día para salir era el jueves: había mucha menos gente en los bares y la que había era mucho más interesante que la masa informe del sábado. El único problema es que, siendo universitario en casa materna, uno tenía que volver a una hora decente a casa y en un estado presentable (aun sigo despertando a mi madre para decirle que he llegado a casa en las raras ocasiones en que salgo por Pamplona). Cuando llegué a Madrid, descubrí los placeres de la vida independiente. Recuerdo aquellos domingos de Alonso del Barco en que me levantaba de la cama a las cuatro de la tarde... Se podría decir que durante un tiempo las mañanas del domingo sólo tuvieron un existencia teórica, porque yo no las vi, la verdad. Después, cuando empecé a trabajar en aquella productora, recuperé la tradición de los jueves universitarios con mis compañeros de trabajo. Tomábamos vermús en un bar cutre y luego íbamos a un cutrepub que organizaba espectáculos de magia o de monólogos "cómicos" en los que prácticamente sólo estábamos nosotros. A veces íbamos a un karaoke más cutre incluso. O peor aun, terminábamos en algún bar de Moncloa como el "Inn". Eran otros tiempos, más divertidos y más sexualmente frustrantes, todo hay que decirlo (Dios, la palabra sexo en este inmaculado blog!). A veces sólo dormía dos o tres horas, pero luego el viernes rendía como el que más (cosa que no era difícil tal y como era el ritmo de trabajo de ese antro laboral). Ahí es donde se nota más la edad, en "el día después". La penúltima vez que hice un jueves universitario, el viernes estaba semicomatoso. Sin embargo, ayer salí de marcha, hice como que bailaba hasta las cuatro de la mañana y hoy estoy como una rosa. Si no fuera por este dolor de piernas que me está matando... La tarde del viernes la dediqué a grabarle un disco con lo mejor (y lo peor) del 2006 a mi hermano y a dejar la casa presentable para la noche del domingo. A las 19.30 cogí el tren para Pamplona, y pude recuperar las horas de sueño perdidas. Mi madre me vino a buscar a la estación y los dos nos fuimos a casa, a charlar en la cocina mientras yo devoraba galletas Príncipe. Mi madre sabe cuidarme. A las doce me acosté y a las doce me levanté, justo cuando mi hermano llegaba a casa. El sábado por la tarde celebramos su cumpleaños con una merienda familiar que, más que merienda, fue cena. A los ederra nos gusta comer... ¿verduritas y cosas integrales? Pues no, paté, quesos, jamón de pato, datiles con bacon, gulas con patatas y huevos fritos, rollo de carne, ajorriero y tarta de chocolate. Como nos cuidamos. Después vino la ya tradicional partida de Boogle. Cuando la familia se fue, vimos el final de "Misión Eurovisión" y, después del espanto inicial, hay que reconocer que las cinco canciones finalistas eran pegadizas y que Nash era la mejor opción... para quedar en torno al décimo puesto. "I love you mi vida, i-e-o!" (y si dicen algo que no sea i-e-o, decidmelo, porque no consigo entender otra cosa). Seguro que se baila más que el BloodyMary de las Ketchup. El domingo comimos restos de la merienda-cena (y aun sobraron cosas), jugamos más al Boogle y volví con mi madre a Madrid, que hoy tenía una reunión de trabajo aquí y dormía en mi casa (de ahí las tareas de limpieza del viernes). En resumen, un fin de semana familiar, muy relajado y muy nutritivo. Y de lo más "interesante" para mis lectores, me temo. ¿Los Oscars? Ah, sí, que los dieron ayer por la noche... Pues este año no tengo mucho que comentar, ya que no había visto ni "Infiltrados", ni "Cartas de Iwo Jima", ni "Babel", y "Little Miss Sunshine" me parece que está muy sobrevalorada. Merecidísimos Oscars para Helen y Jennifer. Hubiera preferido que le dieran el Oscar a Mejor Actor a Will Smith o a Ryan Gosling. Martin Scorsese tiene por fin su estatuilla. "El laberinto del fauno", con tres premios, fue la segunda película más galardonada, aunque el de Mejor Película Extranjera fue para "La vida de los otros". El Oscar a la Mejor Canción fue para "Una verdad incómoda", que ganó también el de Mejor Documental. Y Gustavo Santaolalla, después de "Brokeback Mountain", repite premio a la Mejor Banda Sonora Original con "Babel". Si hiciera una lista de los artistas del mundo que no deberían gustarme, quizás Josh Groban ocuparía el primer puesto. Sin embargo, desde que le descubrí hace un par de años interpretando una de las canciones de la banda sonora de "Troya", me ha ido gustando cada vez más. Tiene una voz aterciopelada, hipnótica y envolvente, por la que uno parece deslizarse como un tobogan. Y aunque algún despistado pueda pensar que es el quinto miembro de Il Divo por venir del mundo de la música clásica y cantar en idiomas como italiano o español, nada más lejos que la verdad: donde esos cuatro engendros plastificados ponen gorgoritos y hueca potencia vocal (en otra palabras, gritan como descosidos), Josh pone matices y sensibilidad, sin alardes innecesarios de potencia vocal. Josh acaba de publicar su tercer disco, "Awake", que llegó hace poco a la Calle Príncipe desde el Amazonas americano (a un precio casi regalado, ¡gracias dolar devaluado!). ¿Debería preocuparme que este tipo de cantantes, como Josh o Michael Bublé o James Morrison, me gusten? ¿Será una señal de que me estoy haciendo mayor? En fin, la próxima vez que escriba sobre música (que será pronto, seguro), hablaré de los Klaxons, para compensar. PD. Según Wikipedia, ayer fue su cumpleaños. ¡Felices 26 años, Josh! |