El blog de ace76 |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2005.
Como veis, llevo una semana escribiendo poco (¿y mal?). Es un síntoma más de la desidia que me está invadiendo durante este mes de noviembre. No soporto noviembre. No me gusta este anodino mes (a excepción del cumpleaños de Esti, claro que sí). Esto se me contagia en todo: la ropa se acumula sin lavar, la ropa se acumula sin destender, la ropa se acumula sin doblar, la ropa se acumula sin planchar, la ropa se acumula sin guardar... Llevo semana y media con los mismos pantalones vaqueros... Y menos mal que tengo muuuuuuchos calzoncillos. Noviembre es un mes sin alicientes, sin planes a la vista, sin contenido, es un mes lluvioso, frío, oscuro y gris. Es más invernal que otoñal, treinta días de trabajo y nada más que trabajo... La rutina empieza a pesar en el ánimo y no apatece hacer nada que no sea vaguear. En fin, menos mal que ya ha llegado diciembre, con sus fiestas, sus luces de colores, su turrón de Suchard, su lotería de Navidad (ya he comprado mi décimo millonario: es capicúa, premio asegurado), sus vacaciones, sus propósitos de Año Nuevo. ¿Y qué planes tengo para 2006? La verdad es que 2005 ha sido un año estupendo, así que pediré que siga la racha. Esta semana desconcierta a cualquiera: hoy toca trabajar, mañana toca fiesta, luego toca otra vez trabajar... Bueno, lo de "trabajar" es un decir, porque hoy parece que está todo el mundo de puente. El teléfono apenas ha sonado una vez en todo el día. Yo he pasado la mañana navegando por Internet y ordenando mi agenda telefónica. Ayer me compré el disco de Victor, seguramente el único disco de triunfitos4 que me compre. Lo mejor que puedo decir de "Rock & Swing" (no he visto peor título para un disco en mucho tiempo) es que no es tan malo como parecía. Rock comercial y clásico, guitarrero pero poco y con la caña justa para no asustar a los padres, a medio camino entre Alejandro Parreño y clásicos del pop-rock español como Revolver o La Trampa (¿alguien se acuerda de ellos?). Lo peor, como suele ser habitual en OT, las letras: ¿qué se puede esperar de canciones tituladas "Angustia y soledad" o "Eterna Soledad"? ¡Vivan la rima consonante y los versos adolescentes! Lo mejor, las versiones en clave de swing de temas como "The fool on the hill", de The Beatles. Si es que hay triunfitos que sólo deberían hacer versiones... Hoy toca estar en casa. Por fin he doblado la decena de camisetas que tenía acumuladas en el armario (¿Planchar? ¿Qué es eso?). He decidido tirar a la basura un buen puñado de calcetines azul marino que estaban desemparejados... o por lo menos, yo no sabía emparejarlos. Todos se parecían, pero ninguno era idéntico a otro. Nota mental: a partir de ahora, sólo compraré calcetines de rombos o de llamativos colores. También me he puesto al día con "Perdidos". Me he acordado de Cristóbal (y en especial de su madre) cuando he llegado al capítulo sexto, grrrr... Ahora me siento con sindrome de abstinencia. Desde luego, el guionista sabe dónde tiene que cortar cada episodio. De momento, el argumento sigue siendo coherente... aunque parece que se puede empezar a adivinar por donde irán los tiros. Y no digo nada, que mi hermano me estrangula. Se está a gusto en casa, escuchando música. Me he hecho un rico plato de pasta italiana para comer. Ahora, una ducha de agua caliente y a dar una vuelta. A las cinco y media he quedado con Sonia para ver "La vida secreta de las palabras", espero que llegue a tiempo, jejeje. Cuando acabe la película, retorno al hogar. Después de seis años, me imagino que ya puedo considerar este piso como "hogar". Me doy cuenta de que, cuando consiga comprarme un piso, difícilmente será tan bonito como éste. Y eso que este tiene fantasmas en el ático que se divierten subiendo y bajando por la escalera de caracol, huy. A veces es mejor concentrarse en las cosas sencillas de la vida. A juzgar por la foto que publica hoy El País, parece que sí. O, por lo menos, nos juntamos todos los habitantes de la capital en las mismas zonas, porque estoy convencido de que hay decenas de calles de Madrid que permanecen desiertas casi todo el día, barrios enteros sumergidos en el anonimato y que parecen no existir. No hablo sólo de Conchinchina, el barrio de Joserra, que, por lo menos, tiene calles amplias con iluminación naranja. Durante el pasado mes, Pablo me pidió que le echara un vistazo a su coche de vez en cuando mientras él trabajaba en un rodaje en Asturias. No podéis imaginar el mundillo de calles oscuras y estrechas que se extiende entre Bravo Murillo y la Castellana. Parece que se hayan quedado congeladas en el tiempo. Y de sus habitantes, apenas ni rastro. 2005 se acaba. Mañana llegará la paga de Navidad a mi cuenta corriente y se celebrará la cena navideña de mi empresa. Yo no podré ir, porque coincide con el concierto de Michael Bublé, para el que saqué las entradas hace ya muchos meses. No podré ver al señor presidente, ni comeré hasta hartarme. Tendré que esperar a la "Copa de Navidad" (aunque el año pasado la cantidad de la comida fue escasa y su calidad, reducida). En dos semanas, vacaciones, cena de Nochebuena, comida de Navidad, paseos por los Centros Comerciales, noches de frío y luces, intercambio de regalos de Amigo Invisible, mazapanes, polvorones y turrones. En el fondo, es una buena idea despedir el año con una gran fiesta. Entre copa y copa de cava, cubierto de confetti y espumillón, se puede hacer balance del año y pensar en qué cosas deben de cambiar en 2006. Casi seguramente, deben de ser los únicos minutos del año que dedicamos a reflexionar, más o menos, sobre nuestras vidas. Y después... ¡las rebajas! Este año toca ahorrar, pero si yo fuera rico, le echaría el guante a varios conjuntos de Energie (los zapatos marrones caen casi fijo). El año pasado, por Reyes, me regalé el pack completo de las versiones extendidas de El Señor de los Anillos. Como tantos (bueno, no tantos) DVDs, había permanecido en la estantería, esperando a que llegará su momento. Y el momento llegó el día de la Inmaculada. Y se prolongó anoche con las cuatro horas de visionado de "El retorno del rey". Por fin me enteré de qué le pasó a Saruman (y a Grima, personaje que desaparece casi por completo en "Las dos torres" cuando Gandalf le hace el lifting facial al rey de Goham). La ventaja de las versiones ampliadas es que algunos hechos no suceden tan atropelladamente como en la versión cinematográfica, algo que se notaba especialmente en la primera parte: que por aquí no se puede, que vamos por Moria, que no se abre la puerta, que se abre con una chorrada, que los enanos están muertos, que nos vamos, que nos ataca una hidra, que la hidra derrumba la salida, pues a joderse que nos vamos por las minas. También ganan peso algunos personajes, como Boromir (que quizás sea uno de los personajes más interesantes de la saga, junto con Gollum), Eowyn (que sale bastante más que Arwen) o Galadriel. Otros, en cambio, se quedan en la mera superficie, algo especialmente llamativo en los casos de Gimli y Legolas (uno se pregunta cómo Orlando Bloom se hizo tan famoso con esta película). En resumen, más de diez horas de espectáculo cinematográfico. Y aun me quedan todos los extras... y volver a ver las pelis con los comentarios. Se le puede sacar mucho jugo a estos DVDs. ¿Alguien sabe si tienen huevos de Pascua? PD. Aunque no soy nada friqui del universo Tolkien, una de las cosas que más me gustan de las películas es que hay bastantes cosas que son como me las imaginaba cuando leí los libros, de pequeño, en casa de mis abuelos, como la escalera sinuosa de Mordor, el ambiente en las trincheras del Abismo de Helm o el verde de la Comarca. En cambio, los Ents me decepcionaron bastante... Michael Bublé lo advirtió al principio del concierto: después de varios meses cantando por todo el mundo y más de ciento diez recitales, a falta de dos para terminar la gira, se había vuelto completamente "loco". Y vaya sí lo está. Esperaba un concierto serio, para un público maduro y exigente, con un cantante eficaz pero soso, de hermosa voz y poco carisma. Me equivoqué: el canadiense es un auténtico showman, que habla continuamente con el público, consiguiendo un grado de conexión con él que sólo alcanzan las grandes estrellas. Bailó y animó a bailar, posó para las fotos, bajó a la platea y paseó por la gradas del fondo saludando al público (y con los seguratas corriendo como posesos detrás de él), imitó a Stevie Wonder, a Ray Charles y a Michael Jackson (entre otros), cantó "This Love" de Maroon 5 y se ganó al público con su entrega, su encanto y su sentido del humor. Michael Bublé es el Robbie Williams del Swing. Musicalmente, los ciento diez conciertos se notaban en la voz de Bublé, al que se le vio un poco inseguro en los primeros compases del concierto. Pero las tablas son las tablas y se notan, sobre todo cuando te arropa un conjunto de viento que Bublé presentó como el mejor grupo de "Big Band" del mundo (y puede que lo sean). Entre los grandes momentos de la noche, "Fever", "Home" (único tema compuesto por Bublé que se ha publicado hasta la fecha, esperemos que le sigan otros en discos posteriores), "Smile", "Save the last dance for me", "For once in my life", culminando con una emotiva interpretación del cantante, a pelo, sin micrófono, de "How sweet it is". Y todos nos fuimos a casa tan contentos. Ha llegado en forma de felicitación navideña. Creo que ya he mandado unas cien, y ninguna era mía. Sólo he mandado "christmas" (que bonito palabro) cuando estaba en la Universidad y tuve una época en la que intercambiaba cartas con amigos de Bilbao y Santander. Ahora ya no lo hago, suelo mandar un e-mail colectivo con alguna reflexión personal y ya está, cubierto el expediente. Luego me quejo de que a la casa Príncipe sólo lleguen emails del trabajo, de Amena, del ING y de la Universidad de Navarra... Después llegará el sorteo de Navidad, con el familiar (iba a decir "entrañable", glups) soniquete de los niños de San Ildefonso. Al día siguiente, con mis décimos y participaciones, consultaré la lista de premios y, como no, no me habrá tocado nada. Aunque este año, no sé por qué, tengo la sensación de que sí, de que me va a tocar. Y si no, siempre queda la lotería de El Niño. En el comedor de la empresa ya han puesto una bandeja con dulces navideños para picar. Compré en el supermercado turrón de Suchard con galleta: no me gustó, prefiero la receta tradicional. Espero poder recoger la cesta de Navidad la semana que viene: ¿habrá jamón para Nochebuena? En enero llegarán tiempos de dieta, pero estas Navidades no me voy a preocupar: el resto del año no se comen mazapanes y polvorones. Todo sea por el nacimiento del Hijo de Dios, jejeje. Y las compras y los regalos... Me gusta la sensación que me produce encontrar el regalo adecuado para cada persona e imaginar la cara que pondrá cuando lo abra. Este fin de semana toca preparar el regalo del Amigo Invisible. ¿Quién será la víctima de una de mis maquiavélicas cajas? ¿O este año no haré caja? Y os preguntaréis, ¿qué es esto de las cajas? En el fondo, me gusta la Navidad. Las luces, las tiendas decoradas, los Belenes, el estanque del parque de Yamaguchi congelado, los días de nieve... Llegan las Navidades y las cadenas de videos musicales sacan del archivo el videoclip de Wham! como si fuera un villancico... También suelen salir a la luz el de "Pipes of peace", de Paul McCartney (que el videoclip cuenta lo mismo que la película "Felices Fiestas", cómo los franceses y alemanes se pusieron a jugar al futbol durante la Primera Guerra Mundial) y el "The Power of Love", de Frankie goes to Hollywood (aburridisima canción). Pero este fin de semana tocaba celebrar otra cosa: el cumpleaños de Sonia. Fue un tanto improvisado, ya que la invitación se cursó de un día para otro. Pero la experiencia demuestra que los mejores planes son los que se improvisan, y así fue. Joserra y yo nos fuimos la tarde del sábado a comprar los regalos para nuestra Charlotte particular (Sonia: "Que no, que yo soy Carrie". Claro, y yo soy Fox Mulder, no te digo) en el barrio de Salamanca y nos encontramos con Ana Blanco en Habitat (a mí me costó reconocerla con el pelo recogido) y con Nieves Álvarez y Cameron Alborzian en Vinçon. Joserra casi se desmaya de la impresión. Son tan guapos que parecen de otro planeta. Para cenar fuimos a tapear por la Latina. No habíamos reservado mesa en ningún sitio, pero tampoco tuvimos problema. Devoramos huevos rotos, oreja, rabas, chorizo a la sidra... Terminamos en un pub cercano e incluso hicimos como que bailamos reguetón. Faltó Pablo, pero estuvimos todos los antiguos compañeros de fila universitaria (incluido el difícil de ver Sito). Nos divertimos. No sé por qué, pero me pareció que aun estábamos en la vieja Iruña... Será, quizás, que la Latina se parece bastante al Casco Viejo de Pamplona... Y además Sonia nos ha prometido que no va a cambiar su regalo. Triunfo total. Son los últimos días antes de las vacaciones y en vez de reposo, tenemos más y más trabajo. Ahora la cosa parece haberse tranquilizado un poco. He ido antes a recoger mi cesta de Navidad, con su jamón, su chorizo, su queso, su vino, sus turrones... He de confesar que me gusta oír, en la cena de Nochebuena, eso de que "el jamón se lo debemos a Antonio". Pequeñas tonterías que tiene uno. El lunes y el martes estuve viendo la serie esa de Antena3 emitida en plan "el peliculón": "El fin de los días". Pero qué cosa más mala... pero qué guión tan incoherente... pero qué tramas tan mal escritas y peor desarrolladas... ¿Cómo dos actrices tan estupendas como Fionulla Flanagan y Natasha McElhone se meten en eso? ¿Tantas facturas tienen por pagar? Entre los mejores momentos de la serie, me quedo con un par: hasta hora y media después del principio, no te enteras de que el protagonista, un profesor de Harvard muy prestigioso del que todo el mundo dice que "es el más adecuado para esta misión" (la misión es buscar a Cristo, que ha vuelto a nacer... Sí, sí, ese es el argumento de la serie, vivir para ver), es... astrofísico. Y después, jejeje, se produce esta conversación: "(la madre Virgen del supuesto Cristo) apareció en Atenas, deambulando. Las autoridades decidieron llevarla a un sanatorio cerca de Florencia". Hala, claro, es que les pillaba de paso... Un típico subproducto surgido a raíz del éxito de "El codigo Da Vinci". Ya se sabe, ahora mezclas temas religiosos con algún nombre famoso (Vivaldi, Miguel Ángel, Newton... ¿Para cuando "El caso Miguel Servet" o "El enigma Velázquez", un terrible secreto se esconde tras Las Meninas) y absurdas teorías de la conspiración y ya tienes el best-seller en tus manos. Y lo peor de todo es que la gente prefiere creerse antes las chorradas de "El codigo Da Vinci" que pensar con un poco de lógica... ...el reintegro!!!! Menos da una piedra (que no una pedrea, jijiji). Llevamos toda la mañana siguiendo el sorteo a través de Internet, con la cantinela constante de los niños de San Ildefonso... miiiiil euurooooooos... Es la primera vez en mi vida que lo hago, esto de seguir el sorteo, y tiene su emoción. Y con esto comienzan las Navidades. También empieza el invierno, lo cual es una buena noticia: a partir de ahora las noches empezarán a acortarse y los días a alargarse. El verano de 2006 se va acercando poco a poco... Como las galletas del Surtido Cuétara, mi año laboral está a punto de acabarse. A las doce nos tomamos una copa con nuestro simpático jefe supremo y supongo que ya no volveremos a nuestras mesas. Mañana por la mañana cogeré el tren a Pamplona y comenzarán mis vacaciones navideñas, con un amplio y variado programa de comidas y cenas con familia y amigos. Me apatece. A ver si nieva... No sé si escribiré algo en el blog, dada la velocidad de conexión de mi casa materna, así que... ¡¡¡FELIZ NAVIDAD A TODOS!!! |